Crea tu marca y ámala



El sueño de todo emprendedor es conseguir que los clientes amen sus marcas, pues éstas representan sus productos. Lograrlo es cuestión de estrategia, no de grandes presupuestos.


Lo primero es empezar por amarla tú mismo y todos los que componen tu empresa.

Los principales valedores de las grandes lovemarks son los propios trabajadores de la compañía, son ellos los que acaban convirtiéndose en verdaderos “hombres anuncio” de tu propia marca.

Provoca el interés de los clientes hacia tu marca o producto creando una historia, un relato, una anécdota sobre ellos.

Este relato puede ser real o imaginario (como en el caso de Coca Cola, por ejemplo), hacer alusión a cómo surgió el producto o a cómo surgió la empresa o incluso a cómo lo consumen otros clientes.

Crea historias sobre cómo tus clientes se han visto beneficiados por tu producto o servicio, por ejemplo.
Y por sobre todo, vuélvete un apasionado de tu marca, un amante incondicional.

Que tus clientes sientan ese amor que trasmites al hablar de ella, haz que también ellos se sientan dispuestos a compartir esa pasión por tu producto.

No olvides que cualquiera que sea tu marca, debe estar dentro del ámbito del amor hacia lo que haces...
Lo demás, viene por añadidura.

Ideas que nacen de otras ideas


Hoy existen un sin fin de inventos que se han creado para hacernos la vida un  poco más fácil, e incluso hay aquellos inventos a los que, en muchos casos, nadie puede encontrarles un  valor útil...

Pero eso es tema para otro post.

En éste quiero compartirles algo que me llamó mucho la atención por lo sencillo y básico de su elaboración. 

Además de lo súper ingenioso y bastante asequible a cualquier presupuesto.

Y lo mejor es que este invento se puede emplear como base para elaborar un sin número de artículos para la venta.

Vean el video para que entiendan o tengan una idea de lo que estoy escribiendo.

Una vez más...


Lo más difícil de empezar un nuevo proyecto siempre es encontrar quien te apoye incondicionalmente en esa nueva aventura, quien crea en ti sin preguntas ni cuestionamientos.

No importa si nuestros proyectos anteriores han resultado bien; eso no cuenta a la hora de exponer nuestro curriculo a nuestros posibles auspiciantes. 

Nuestra nueva aventura les parecerá arriesgada.

Es que existe ese miedo natural en nosotros mismos que nos paraliza y nos mata cualquier entusiasmo o iniciativa.

Para muchos -por no decir todos-, la seguridad es algo a lo que se aferran con uñas y dientes.

La idea de arriesgarse es algo que, instintivamente, los paraliza.

Para convencerlos tienes que agotar casi toda tu capacidad de persuasión y convencimiento.

Pero los frutos valen la pena.